Qué es y para quién es

Un préstamo personal es un préstamo sin una finalidad cerrada: puedes usarlo para un coche, una reforma, un viaje o un imprevisto. La entidad estudia tu solvencia, es decir, tus ingresos, tus gastos y tu historial, y decide si te lo concede y en qué condiciones. La mayoría no exige garantía, aunque existen variantes con garantía, por ejemplo con un vehículo, que funcionan de forma distinta y tienen sus propios riesgos.

Suele encajar para gastos puntuales de importe medio cuando no tienes ahorro suficiente y prefieres una cuota fija y previsible.

Cómo comparar préstamos personales

  1. Decide el importe exacto que necesitas y no pidas de más
  2. Compara la TAE, no solo el TIN: la TAE incluye comisiones y permite comparar en igualdad de condiciones
  3. Mira el importe total adeudado: dos préstamos con cuota parecida pueden costar muy distinto según el plazo
  4. Revisa comisiones de apertura y de amortización anticipada
  5. Comprueba si la oferta exige domiciliar la nómina o contratar seguros para acceder a un tipo bonificado

Cuánto puedes asumir

Antes de firmar, calcula la cuota real dentro de tu presupuesto. Como referencia prudente, la suma de todas tus cuotas de deuda no debería superar aproximadamente un tercio de tus ingresos netos mensuales. Un plazo largo baja la cuota, pero aumenta los intereses totales.

Ten presente que los impagos pueden acabar registrados en ficheros de morosidad como ASNEF, y eso afecta a futuras solicitudes de crédito.

El matiz importante

Un préstamo personal no es dinero extra: es un gasto futuro que adelantas hoy. Úsalo para necesidades concretas y no para cubrir gastos corrientes de forma recurrente. Si buscas financiar compras concretas, mira también el préstamo al consumo y tus derechos como consumidor.